1944…

1944

En la ventana estaban los tejados de siempre

y el sol nublado de las seis.

Me pareció increíble que ese día

sin premoniciones ni símbolos

fuera el de mi muerte implacable.

A pesar de mi padre muerto,

a pesar de haber sido un niño

en un simétrico jardín de Hai Feng,

¿yo, ahora, iba a morir?

Después reflexioné que todas las cosas

que suceden a uno suceden

precisamente, precisamente ahora.

Siglos de siglos y solo en el presente

ocurren los hechos;

innumerables hombres en el aire,

en la tierra y el mar,

y todo lo que realmente pasa me pasa a mí.

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